Hoy 23 de abril celebramos el día del libro y para ello os estaba guardando este artículo tan especial que me ha llegado de la mano de José.

¡Qué mejor manera de celebrar este día con esta maravilla que ha escrito para que lo pueda publicar aquí! Gracias de corazón, aquí os dejo lo que ha escrito para todos nosotros y nosotras…

Hay días en los que llegas a la noche y te das cuenta de que no has parado, pero tampoco has estado. Que has dado de cenar, bañado, recogido la casa y contestado tres correos, pero no has mirado a tu hijo a los ojos con calma ni una sola vez. Y entonces aparece la culpa, que ya sabemos que no llama antes de entrar.

A mí me pasa. Y me pasa siendo alguien que se dedica a esto, que habla de emociones, de vínculo y de presencia. Lo digo para que quede claro: no hay truco, no hay fórmula perfecta. Pero sí hay pequeñas cosas que funcionan. Y una de ellas es el cuento de antes de dormir.

No hablo de media hora de lectura organizada con actividades de comprensión lectora. Hablo de cinco minutos. De sentarte en la cama con tu peque, abrir un cuento corto y leerlo juntos. Eso. Solo eso.

Cinco minutos de cuento no arreglan un día caótico, pero cambian cómo termina.

La investigación en psicología del desarrollo lleva décadas diciéndonos que la lectura compartida entre adulto y niño es una de las experiencias más potentes para el desarrollo del lenguaje y del vínculo afectivo (Bus, van IJzendoorn y Pellegrini, 1995). Pero lo que no suelen decir los estudios —y las madres sabemos— es que también nos sirve a nosotras. Porque en esos cinco minutos tú también paras. Tú también bajas el ritmo. Tú también respiras.

Una cosa que he ido viendo, tanto en casa como en las familias que acompaño, es que el enganche sube mucho cuando el niño se reconoce en la historia. Da igual cómo: un personaje que tiene su edad, que vive algo parecido a lo que él está viviendo, o directamente un cuento personalizado en el que aparece su nombre. La investigación apunta en la misma dirección: los niños se implican más, hablan más y sostienen mejor la atención cuando sienten que la historia va con ellos (Kucirkova et al., 2020). No es magia; es que a todos nos interesa más lo que nos concierne.

Lo que yo haría (y hago) con ellos:

  1. Usarlos como el cuento de las noches «difíciles». Esas en las que tú estás agotada y tu peque no quiere ni oír hablar de dormir. Si el protagonista del cuento es él, tienes medio camino hecho.
  2. Aprovechar la historia para hablar de emociones. Si el protagonista tiene miedo, o se enfada, o echa de menos a alguien, y tu hijo se siente identificado, la conversación sale sola. No hace falta forzarla.
  3. Combinarlo siempre con libros de toda la vida. No es un sustituto del álbum ilustrado, de la biblioteca ni de los cuentos de siempre. Es un cuento más dentro de la rutina. Uno especial, pero uno más.
  4. Que lo lea alguien. Tú, papá, la abuela, quien sea. Pero una voz real, no una pantalla que reproduce sola. El cuento funciona porque hay alguien al lado.

Y ya. No hacen falta veinte minutos, ni una rutina elaborada, ni sentirte mal si un día no se puede. Se trata de que cuando puedas, esos cinco minutos estén ahí. Para tu hijo. Y, sin que te des cuenta, para ti.

Te vuelvo a dar las gracias José por esta maravillosa reflexión y si queréis conocerle mejor, tiene un pequeño y precioso proyecto de cuentos personalizados para peques CuentosIA

También podéis ver todo su trabajo en IG @cuentosia.ai

¿Te animas a personalizar tu cuento? Va a ser un regalo muy especial para tu peque.


Una respuesta a «Cinco minutos de cuento y lo que pasa cuando los tienes»

  1. Avatar de Jose

    Gracias a ti, Ana, por el espacio y por el cariño con el que lo has presentado. Me hace mucha ilusión que haya caído justo en el Día del Libro. Un abrazo grande.
    José

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