“Las palabras no pueden expresar la alegría de una nueva vida”
Hermann Hesse
Me llama la atención un comentario que he escuchado a lo largo de mis dos embarazos…
“Los humanos somos los animales más torpes, al nacer no sabemos hacer nada, mira el resto de animales, en cuanto nacen empiezan a caminar detrás de su madre”
Pues no, no somos torpes… al revés diría yo y es que, efectivamente, nacemos antes de tiempo. Sí, otras especies animales nada más nacer, las crías ya se pueden levantar o incluso andar. Nuestros bebés no pueden por esta sencilla razón, el nacimiento antes de tiempo, por eso somos considerados altricios secundarios, con la clave en nuestro cerebro, mucho mayor que el de otra especie.
Este nacimiento a las 40 semanas es fruto de la evolución, del caminar erguidos, de que nuestra pelvis es más pequeña y la cabeza de nuestros bebés más grande.
Por esta razón, los bebés nacen a las 40 semanas, pero necesitan de otros nueve meses o un año más, la llamada exterogestación, para empezar a ser un poquito más independientes.
¿Cómo sería un embarazo si nuestros bebés tuvieran que nacer como esas crías que ya pueden andar?
Esta llamada exterogestación, que es la necesidad de que nuestros bebés estén con su mamá o con sus principales figuras de apego ya que son extremadamente dependientes, es crucial en el desarrollo de nuestros pequeños, ya que todas sus necesidades deben estar cubiertas igual que lo estaban dentro del útero.
El embarazo, buscado y deseado, es un momento de plena felicidad para la familia, pero sobre todo para la futura mamá, que empieza a sentir que debe cuidar su alimentación, su forma de vida, su ritmo, su estrés y hasta su forma física.
Es un momento de cambios a todos los niveles donde una vida se va desarrollando dentro.
El bebé percibe el mundo igual que su madre, es decir, el bebé dentro de útero siente todas las emociones que va a sentir su madre.
A través de la placenta van a recibir las hormonas, los neurotransmisores y los nutrientes necesarios para su desarrollo de la misma forma que los recibe su madre.
El estrés influye también al bebé y en estos momentos la futura mamá puede sentir dos tipos de estrés:
- Estrés normal: emocional, pensar en el momento del parto, en cómo será la vida con el bebé, todas las emociones a flor de piel. Es un estrés normal que sentimos todas las embarazadas, forma parte del embarazo y no es peligroso para el bebé, incluso cuando aumenta en esas semanas previas al parto.
- Estrés crónico: es totalmente perjudicial y puede alterar el desarrollo óptimo del bebé. Es ese estrés que se sufre y que la madre no puede controlar, intenso y afecta de lleno al bebé.
¿Qué pasa cuando la futura mamá sufre ese estrés crónico durante gran parte del embarazo?
Que actúa el Cortisol, la hormona del estrés. Esta hormona se dispara y no se puede controlar, de ahí que esos bebés sean más irritables y más nerviosos. Esta hormona va a impactar directamente con el hipotálamo, haciendo que no se conecten correctamente los dos hemisferios del bebé.
Un parto estresante, instrumentado o una cesárea, también puede generar estrés al bebé.
Pero todo esto que ha generado el estrés en nuestros recién nacidos lo podemos recuperar ¿cómo? Mediante cuidados seguros y generando un vínculo y un apego seguro con nuestro bebé.
Las primeras experiencias de los adultos con sus bebés van a ser la base de sus relaciones durante toda la vida.
De aquí la importancia de cuidarse, de estar tranquila, de minimizar al mínimo las situaciones estresantes y si por la razón que sea (trabajo, bajas maternales, separaciones, muerte repentina de un ser querido, parto…) este estrés aumenta, saber que nuestro bebé nos necesita mucho para minimizar las consecuencias de ese exceso de cortisol en sangre.
¿Y tú futura mami? ¿Cómo te sientes?
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¡Muchas Gracias Familias! Y ¡Feliz Crianza!

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